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Libros fuera del tiempoOtra vuelta de tuerca, Henry James.-Nació en Nueva York el 15 de abril de 1843. Su hermano fue el también famoso William James, filósofo y psicólogo cuya teoría del fluir de la conciencia influyó en todo un grupo de escritores, de principios del siglo XX como Virginia Wolf, James Joyce, Faulkner... Y por supuesto su hermano escritor Henry. Viajero incansable por Europa en la que acabó viviendo, especialmente en París y en Londres. En París conoció a Maupassant, Balzac y el ruso Turgueniev. De trato cordial y amable pero distante y frío. Esa es, precisamente, el clima más superficial de sus relatos, aunque por debajo palpita una gran pasión contenida, plasmada en su aguda sutilidad, las intensas emociones de sus personajes siempre rebajadas o ocultadas con una capa de formalismos, que era también la tapadera preferida por su autor en su trato social, y una gran complejidad de sentimientos que se escapan en detalles, gestos, miradas. Se podría decir que, esencialmente, la impresión de sus relatos es por una parte la de un laberinto de espejos, y por otra la de un volcán refrenado que nunca llegara a estallar. Escribió numerosos artículos en revistas. Y sus ensayos poseen la misma finísima capacidad de observación de sus relatos.
Fue en Europa donde escribió la mayor parte de su obra, que también reflejó esa división, más o menos enfrentada, de dos mundos y dos culturas –la americana y la europea-, aunque esa sea una lectura superficial de su obra. Su manera de escribir es sutil, detallada, agudamente observadora, laberíntica, distante y al mismo tiempo profunda, lo que crea un especial hechizo y aura, que puede producir horror o fascinación, pero nunca indiferencia. El secreto, de hechos o de emociones, ocupa un papel relevante en sus historias, pero también en su forma de escribir, que además tiene algo de la técnica de los pintores impresionistas. Esto último destaca sobre todo en sus cuentos, en los cuales con pocos trazos plasma situaciones que son todo un universo emotivo y existencial.
Es un ejemplo perfecto para entender la diferencia entre “culebrón” y drama, melodrama y tragedia, sentimentaloide y sentimental... Esa diferencia es la profundidad, no la trama de una historia. Todo puede emocionar, pero el alcance largo y el enriquecimiento y la posibilidad de “volar” sólo están del lado de lo profundo. En sus historias hay desde protagonistas femeninas complejas(no estoy de acuerdo en achacarle misoginia y desde luego nunca en sus relatos sino todo lo contrario. Es sólo en su vida personal donde aparece un distanciamiento de las mujeres, y en general de cualquier persona, motivada según apunta su intimidad desvelada en sus relatos por miedo, inseguridad y reticencia). Mujeres independientes y contradictorias, historias amorosas ambiguas y difusas, pasiones peligrosas nunca desbordadas, o realidades paralelas como en el relato del que vamos a hablar aquí más abajo. Y el desencanto, la soledad, la angustia solapada, los secretos aleteantes, el enigma del tiempo y de lo moral... Murió en Londres en 1916.
Algunos de sus relatos: Roderick Hudson (1876), El americano (1877), Daisy Miller ((1879), Retrato de una dama (1881) y llevada al cine protagonizada por Nicole Kidman y John Malcovich, Las bostonianas (1886), Los papeles de Aspern (1888) uno de sus más fascinantes relatos sobre la búsqueda de un manuscrito del poeta Shelley, sobre la soledad y el desamor; Otra vuelta de tuerca (1898), Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904).
Otra vuelta de tuercaHa sido llevado al cine varias veces. Entre otras en 1961: The inocents por Jack Clayton (la mejor, magnífica película). En 1980 por Gratme Clifford y en 1992 por Rusty Lemorande y Peter Weigl. Literariamente ha sido publicado de nuevo recientemente, pero lo sorprendente es que lo ha sido en una colección ¡infantil! (¿Lo habrá leído el que lo ha incluido así). No es un relato para niños para nada. Pero ahí no acaban las sorpresas. A continuación del relato de Henry James (después del índice y bajo el título de apéndice) la traductora tiene la desfachatez de firmar un ¿capítulo? por su cuenta en el que desvirtúa el relato original, tratando de explicarlo a su manera, tratando de "racionalizarlo". Es algo inaudito que no había visto en la vida. Abstenerse por tanto de comprar esa edición de la editorial anaya.
Es su relato más original y perturbador. De nuevo menciono que en manos de otro autor hubiera sido un relato de fantasmas cualquiera. En manos de Henry James se convierte en algo inclasificable y turbio, de un alcance portentosamente largo y de significados sucesivos que dan la impresión de perderse uno dentro de otro, como la imagen reflejada en un espejo de la imagen reflejada en otro espejo de la imagen... Y así sucesivamente. Si la presencia de un niño en un relato oscuro es siempre más impactante, aquí esa impresión es desmenuzada con un efecto demoledor. Porque, y este es uno de sus rasgos más peculiares, el acento en esta historia no está puesto en las personas que aparecen desde otro plano (que además nunca se sabe cuál es porque sobrepasa cualquier definición al uso), sino en sus testigos y sus reacciones y el efecto moral y existencial en sus vidas.
Lo primero que llama la atención es que la gente que aparece no es un fantasma. No es nadie “fantasmal”, ni poseedor de características sobrenaturales, ni nada que se parezca a almas en pena. Son personas, gente con la misma personalidad que tuvieron en vida, y no sólo eso, sino con todos los detalles cotidianos de la “realidad” más radical (cómo mira uno de ellos penetrantemente a la protagonista que cuenta el relato, cómo se aleja lentamente pasando su mano por el parapeto donde se aparece, cómo busca con la mirada a los niños de la casa con una voluntad imperiosa y decidida...). Son personas con las mismas motivaciones y calidad moral que tuvieron en vida, sólo que ahora adquieren por ello una fuerza “individual” espeluznante y una voluntad avasalladora, ya que en teoría vendrían de un plano donde todo tendría que ser diferente. Que no lo sea es de un efecto desestabilizador sorprendente. En este relato las dos vidas, los dos planos son intercambiables.
Y los testigos. Son de dos tipos. Uno inocente que está personificado en la persona adulta que relata la historia. Y otro, contradictoriamente, adulto, que sabe y lo oculta, personificado por los niños. Que para los niños sean naturales esos sucesos puede suceder a veces, a ello apuntan las teorías sobre su especial sensibilidad y percepción que se les atribuye. Pero que además sean conscientes, al mismo tiempo, de su carácter extraño ya resulta poco frecuente. Si a esto se le añade que lo ocultan a los adultos porque quieren y aceptan y comprenden las motivaciones de los aparecidos, ya se convierte en una situación perturbadora. Pero es que además, esa motivación de los aparecidos es corromperles y eso les hace cómplices de ellos. Sin embargo en el resto de su vida cotidiana son niños encantadores y hasta angelicales, que no dan nunca ningún problema... Pero “ven” y lo disimulan y el testigo adulto no se atreve a preguntarles directamente, hasta que lo hace y ellos entonces mienten. Constantemente está el laberinto de alguien que sabe que el otro sabe que el otro sabe. Y existe otra posible visión, porque sólo una persona adulta ve la otra realidad, aunque las personas que aparecen del otro plano son descritas al detalle por ella, aunque nunca llegó a conocerlas, ni ha oído a nadie describirlas. Aún así sería posible que todo el relato, contado por ella, fuese fruto de su exclusiva visión personal y eso sería también alucinante por lo que supone de poner sobre el tapete la visión del mundo, siempre individual y fruto de la percepción propia, constantemente relativa y por tanto ¿al margen de la “realidad”?. ¿Qué sería entonces lo real?. Y otro espejo difuso y ambiguo (ambiguo no de confuso, sino de “ambi”, dos lados), es precisamente la naturaleza , el significado de corromper y corrompido. Nada es sencillo en Henry James y esto tampoco. En este relato plantea esa cuestión y la deja en el aire. Aunque se está tentado de adjudicarle un carácter mítico, asociándolo al verbo conocer (ese árbol del conocimiento del paraíso bíblico nos resuena). Pero no se queda en esa asociación, ni siquiera es mencionada indirectamente. Va mucho más allá, apunta de alguna manera al papel misterioso de la dualidad consciente-inconsciente. ¿De qué sirve ser consciente?. ¿Son puros los hechos inconscientes?. Y ahí quedan esos niños imborrables por bordear esa frontera enigmática de por sí en el ser humano, pero más misteriosa aún en la infancia y en lo que “sucede” en los niños al crecer. Relato incatalagoble. Y absolutamente inolvidable. [Tesa Vigal] |