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La película secreta Esta sección está dedicada a una película que sea para unos maldita, para otros genial, para estos un sueño, para muchos desconocida, para algunos rara joya sin pulir y para otros detestable. Pero nunca indiferente.
Remando al viento, Gonzalo Suárez.- "Hay un mundo de correspondencias que todavía no está, y acaso no lo estará nunca, codificado por la ciencia: de ese mundo, la magia quiere ser la inteligencia y el arte, la expresión" (Robert Kanters) Igual que los sueños son la quintaesencia de la vida "real", el arte surge de la misma dimensión y habla de lo mismo. En palabras de Henry Miller: "la poesía no sólo no distorsiona la realidad sino que habla de su esencia". Una dimensión donde viven y beben los artistas y donde los niños pequeños viven, de manera natural, todo el rato. Hay una escena en la cual le preguntan a un niño si sabe nadar. Su amiguita, en otra habitación y dormida, responde en voz alta en sueños a la pregunta: "no, no sabe".
Esta película cuenta la estancia en la casa de Byron de sus amigos Shelley y su mujer Mary, durante la cual se proponen escribir cada uno de ellos un relato de terror. Mary Shelley escribirá "Frankenstein" como respuesta. Pero esa materialización tendrá todo el alcance que puede llegar a tener el arte. La criatura Frankenstein también se materializará en la vida del grupo con consecuencias dramáticas. Todos ellos, menos Mary su creadora, serán visitados por una muerte repentina en un corto lapso de tiempo. Esta película habla, como "Arrebato" de Zulueta, de la esencia del arte.
El artista es el adversario, lo opuesto al poder. Bajo su luz casi todo parece pequeño y absurdo. "Qué inútil es todo..." comenta Byron tras hablar de sus proezas nadando y vendiendo poemas. El arte es tan transformador como el amor y los sueños. Todo depende de meterse en él y vivirlo bebiéndose su esencia. En este sentido depende de la mayor o menor receptividad al misterio, y de su paralelismo con la vida del receptor. Y para crear es indispensable ser fiel a uno mismo. Como Byron dice a su hija, despidiéndose de ella: "compórtate, bien o mal pero compórtate". Es decir sé tú misma, llévate contigo... Por todo ello el arte es liberador y es peligroso por el poder que encierra. Como en el verso de Shelley que también se menciona en la película: "No despiertes a la serpiente si no sabes que camino va a tomar...". Porque como dice Wiliam James: "Un hombre puede jugar a cierto juego durante años con técnica experta, hasta que un día, en un momento de excitación algo ocurre y el juego comienza a jugar con él".
Esta película se estrenó en los años 80, cuando dos de sus protagonistas no eran conocidos y apenas habían hecho cine. Me refiero a un insólito y convincente Hugh Grant dando realmente vida al poeta Byron. Y a la que se hizo novia suya durante el rodaje Elisabeth Hurtley en un papel secundario. Otra gran interpretación es la de Lizzy McInnerny como Mary Shelley y José Luis Gómez interpretando al secretario de Byron, Polidori. Película de las que atrapan y embelesan. Por eso y por su gran singularidad aparece en esta sección. Tessa Duncan |
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